Hay cosas de las que uno por mucho que lo haya vivido, no se repone. Una de estas situaciones que no requieren gran inversión histórica son los
plantones.
Hablando desde el propio plantón, que es un bunker de paredes de ideas y retorcimientos estomacales, me hierve la sangre. Mandaría un arsenal altamente destructivo para tu nicho ego-fágico, a ver si te despiertas y te acuerdas, ¡coño!: has quedado conmigo.
Esa es la diferencia, yo miro el móvil una y otra vez y miro el reloj y me da la sensación que tenía que haber ido al aeropuerto con el resto a recoger a Esther y no mirar el tiempo pasar mientrás tú duermes y yo dirijo mi lado oscuro hacia tí.
Esto ya es muy sintomático de la imposibilidad de hacer nada. Mientrás tú te duermas y yo mantenga insomne hay demasiado desequilibrio. Mandaré tu regalo hacia el Sáhara y conmigo haré algo similar, me mantendré lejos donde no pueda quedar contigo para que no vengas o peor, te olvides.