jueves, agosto 26, 2010

El Borbón se muere

(...) Y parece que un fantasma de los años 50 te va a asaltar en cualquier momento. Las esquinas de la casa, están ennegrecidas, por los borrachos de los amigos y las manos de hollín si las sacas por la ventana.
Desde que vivo en el centro, todo tiene un matiz más negro y sobre las plantas se deposita un polvo negro-gris que todo lo mancha.
Siempre que veo el polvo, pienso en esa viñeta de Mafalda.
Las casas en verano, están muy calladas, al menos esta. Será por la falta de madera. Recorre el gran pasillo, mis fantasmas de la oscuridad, que también se mudaron conmigo.
La sombra lo inunda todo, en la gran urbe de edificios altos, vivir en un segundo, es estar en el ático de una cueva. Ayer pudimos contemplar como se veía la luz lunar sobre el último piso del edificio de enfrente.
Muy platónico.
Se oyen los coches, las pisadas de las escaleras y el ruido estomacal de la vecina de arriba, afectada de gases. Ahora mismo, alguien se seca el pelo.
Para colmo de males, las paredes están cubiertas de un papel que crea sombra, así que no hay Cristo que pueda hacernos salir de la penumbra.
Mi habitación es la más pequeña, pero la más esmerada. Vive conmigo un armario sin armar, que por pereza ya me da los Buenos días.
He colgado un poema de Juan Gelman, que más que poema, parece un aforismo.
Me traje libros, los sagrados ( ya leídos: Pavić), los por leer (Arlt, Parra, Char, Pamuk ) y alguno que se ha colado ( Andrić). Y una pila de trabajo, que tapo con días futuros para hacer el trabajo pesado.
Después de comer, es tiempo para dormir y hacer el amor. No hay más, al menos aquí en Madrid. Después de visitados hasta la extenuación los parques, exposiciones gratuitas y centros culturales, es lícito gritar que no hay sitios de esparcimiento gratuito y colectivo. No hay jardines, en estos edificios viejos, creados para algún tipo de burguesía ( habitación para el servicio : la mía ) y ahora habitados por trabajadores al uso, extranjeros, jóvenes mal pagados y algunas viejas del antiguo régimen. Nadie pensó en el verde y en el agua.
Y con los parados, el asfalto y el calor, la gente adolece del mal de sus casas.