viernes, febrero 11, 2011

Para Paula, para Esther

No llores porque nada se ha ido y la vida es circular, vuelve en los sueños y en el lóbulo temporal. Todo pasa y nada queda y a la vez, está siempre.

Una vez escribí, que el día que nos perdimos en la nieve había sido uno de los mejores en mi vida. El día que volviste y deshacías, eso creía yo, toda la coraza helada donde quedaba los restos de nuestra historia.

Uno elige cómo quiere definir su vida, destacar unos colores u otros, para crear una imagen que llevamos como el aura que perciben los perros y el olor de la casa al entrar.

Me niego a definirme por lo que no me quisieron más, me rechazaron o se marcharon de mi camino. No quiero ser niña triste llorando porque no estás. Me prefiero, nos prefiero, locas y obtusas, confusas, siempre, con ganas de vivir y eso es llorar y reír, equivocarnos una y mil veces.
Luego, le doy la vuelta a la historia o simplemente lo miro desde el lado menos trágico, gritando que el dolor y el amor son una experiencia profundamente humana y que las heridas si duelen, son señales y marcas de nuestro paso por un mundo vivido.

Hallar descanso en lo inseguro está en el mismo ser de la alegría.


La magia existe y hay que creer en las hadas. - Esas que ríen cuando toman vino y hacen la vida más fáciles a los demás.


Escribí una vez con pintura de niños, para uno que tampoco me quiso nunca: SIEMPRE. Y ahí está, mi bandera, la permanencia del abrazo..